jueves 11 de junio de 2009

EL NIÑO TÍMIDO

Aquel niño, como muchos otros, sufría de pánico escénico. Sólo que alguien le había dicho que el mundo era un escenario.

NIÑORÉXICO

El Niñoréxico dejó de comer, como normalmente lo hacía. Era un niño muy femenino, que podía pasar por niña o por gay. Él siempre pensaba: pues creo que soy gay. Sí, mi madre dice que ellos ya nacen así, que ellos no lo eligen. Los niños en la escuela siempre le gritaban: eh, pinche homosexual, eh, tu, marica, niñita, todo eso y un largo y puto etcétera. Por eso quería estar muy delgado, para ser una buena niña. Todos los días acudía a una báscula de monedas que imprimía papelitos. Con el tiempo hizo una gráfica de su peso, sus variaciones. Las líneas verdes eran descendentes y las rojas ascendentes. Soñaba con ellas, con el día en que sus trayectorias fueran todas de un solo color, lo cual sucedió a partir del día en que descubrió que para ser homosexual tenían que gustarle los hombres. Ese color era el rojo: comenzó a engordar, a tomar cerveza, a decir malas palabras y llegó hasta el grado de ver el futbol los fines de semana.

NIÑORIGAMI

Se trataba de un niño de lo más peculiar, tenía el mal hábito de plegar las partes de su cuerpo como si estuvieran hechas de papel. Cuando comía chocolate sus labios parecían una prueba de Rorsarch. Era de ley que hiciera trampa en los exámenes, aunque sabía que estaba mal, pero de cualquier forma aprendía a la larga, las cosas a fuerza de verlas todos los días escritas en su piel. Aunque muy pocas veces tomaba un baño, o quizás nunca, por alguna razón siempre olía bien, siempre se veía bien. Bueno, dicen que con el tiempo se fue arrugando demasiado, pues quizás sufrió de esa enfermedad que les da a los niños que envejecen muy rápidamente y mueren muy jóvenes.

ISIDRO

La insoportable opresión de los pulmones, las emanaciones sofocantes de la tierra húmeda, la mortaja que se adhiere, el rígido abrazo de la estrecha morada, la oscuridad de la noche absoluta, el silencio como un mar que abruma
Edgar Allan Poe

Isidro fue enterrado vivo. Escuchó, sin poder moverse, todo el proceso; desde su supuesta muerte hasta el último paso de los enterradores sobre la tumba. Quería decir: no, esperen, si no estoy muerto, no me entierren… terrible perspectiva la de morir asfixiado, pero consiguió, ahorrando sus domingos, una verdadera pistola de rayos láser, y su mamá, afortunadamente, la había puesto en el ataúd antes de que lo cerraran: para que juegues en el más allá, mijito. Con ella sería fácil desintegrar la tierra blanda. Ni siquiera había tenido tiempo de probarla, había llegado por correo, la vio sobre la mesa cuando tropezó y se golpeó la frente. Se sintió como en un sueño del que es imposible despertar. El anuncio decía que realmente funcionaba, que era parte de un cargamento robado al ejército, un arma experimental creada para acabar con fuerzas alienígenas. Comenzó a mover la mano un poco, pudo abrir los ojos y ver la más profunda oscuridad. Después de media hora casi se terminaba el aire, pero ya podía moverse lo suficiente. Abrió el paquete. Palpó el arma entre sus manos y después de un minuto comprendió que había sido víctima de la fatalidad: las baterías no estaban incluidas.

viernes 27 de febrero de 2009

MIRADAS AUSENTES

Miradas ausentes, has puesto
Un campo de fuerza invisible, pero palpable
Entre tu y yo.
Topes contra la pared, topes
Que hacen sangrar mi frente.
Pero eres tú la herida, la llaga, la que arroja
Sus lágrimas al desierto
y a todos sus encantos deshidratados.
Muertos, estamos muertos por dentro…
Nos han asesinado, gota a gota,
Las ausencias, las presencias,
La falta de un oasis, de una frase
Parecida a los murmullos.
Queda una última esperanza:
Algún día nos iremos todos,
Allá, muy lejos, a donde habite el olvido.

viernes 20 de febrero de 2009

ESTOY VIVO

Estoy vivo,
pertenezco a la oscuridad,
la domino con mi voz y sus ecos,
bebo, devoro almas perdidas,
espíritus que vagan
o mentes débiles, putrefactas.
Hago sucumbir ejércitos
En hilarantes chillidos.

Estoy vivo,
seré inmortal
cuando caiga la noche.
Mi fuerza proviene de
voces, sonidos, pulsaciones
de las que sólo tengo
difusos recuerdos:
voces escuchadas en sueños.

Estoy vivo,
seré inmortal
cuando pronuncies mi nombre.

Haré que caigan
las torres de aquel país
llamado Babilonia,
que mueran millones
en una exhalación,
o bajo el filo de mis uñas
de acero y luz.

Que sólo quede polvo
Donde había ciudades,
que sólo quede el olvido
donde había recuerdos felices.

Sí, estoy vivo,
Pero soy la muerte encarnada.

miércoles 4 de febrero de 2009

NO HAY LUGAR COMO EL HOGAR

Cuando era niño tuve un sueño que olvidé,
pero todavía oigo claramente
las palabras de mi mamá el día que volví a casa
ocho años más tarde.